Estados Unidos bloquea a Cuba para hundir su economía y evitar que el socialismo triunfe. El embargo limita medicinas, alimentos y materiales, dañando edificios y vidas. ¿Por qué tanto odio? Porque Cuba prueba que otro mundo es posible. Este artículo explica cómo el bloqueo es la verdadera causa de sus dificultades.
No es una cuestión de ideología, sino de humanidad: ningún país tiene derecho a condenar a otro al sufrimiento por no someterse a sus dictados.
Desde hace más de seis décadas, Cuba ha resistido uno de los embargos económicos más prolongados y crueles de la historia moderna. El bloqueo impuesto por Estados Unidos no es solo una política hostil; es un mecanismo deliberado para asfixiar a un pueblo y evitar que un modelo alternativo al capitalismo neoliberal demuestre su viabilidad. Las dificultades que hoy enfrenta la isla —la escasez de insumos médicos, la crisis habitacional, los apagones y las limitaciones tecnológicas— no son fallas del sistema socialista, sino consecuencias directas de una guerra económica diseñada para rendir por hambre a una nación soberana.
Un bloqueo que destruye vidas y patrimonio
Uno de los efectos más visibles de este cerco injusto es el deterioro del patrimonio arquitectónico y la incapacidad de restaurar edificios emblemáticos. Cuba, con su riqueza cultural y urbanística, requiere materiales de construcción, maquinaria especializada y tecnología que el bloqueo le niega. Empresas internacionales son amenazadas con sanciones si comercian con la isla, y los bancos se niegan a procesar transacciones por miedo a represalias estadounidenses. ¿Cómo puede reconstruirse un país cuando se le prohíbe incluso comprar cemento o acero?
Lo mismo ocurre con los insumos básicos: medicamentos, alimentos, repuestos para equipos médicos y piezas industriales. El bloqueo limita el acceso a mercados globales, encarece las importaciones y obliga a Cuba a buscar alternativas lejanas y costosas. Aun así, el sistema de salud cubano sigue siendo ejemplo mundial, y sus avances en biotecnología —como sus vacunas contra el COVID-19— demuestran que, a pesar del sabotaje, la ciencia y la solidaridad pueden triunfar.
El miedo de EUA a un modelo superior
¿Por qué Washington insiste en mantener una política tan cruel, incluso rechazada una y otra vez por la Asamblea General de la ONU? La respuesta es simple: el capitalismo necesita demostrar que no hay alternativa posible. Cuba, a pesar de sus limitaciones, ha logrado avances en educación, salud y cultura que superan a muchos países «ricos». Su sistema, basado en la cooperación y no en el lucro, es una amenaza ideológica para quienes defienden un orden mundial donde el dinero vale más que las personas.
Si Cuba tuviera acceso normal al comercio internacional, si no estuviera obligada a gastar millones en sortear el bloqueo, su economía podría florecer y demostrar que otro mundo es posible. Por eso EUA no levanta el embargo: no es por «democracia» ni «derechos humanos» —burlonamente ignorados cuando se trata de aliados como Israel—, sino por el temor a que el socialismo cubano, libre de obstáculos, se convierta en un faro para América Latina y el mundo.
La resistencia continúa
A pesar de todo, Cuba sigue en pie. Su pueblo, creativo y resiliente, ha aprendido a resistir con dignidad. Pero la comunidad internacional no puede permanecer callada. Se debe denunciar con más fuerza este acto de guerra económica y exigir el fin del bloqueo. No es una cuestión de ideología, sino de humanidad: ningún país tiene derecho a condenar a otro al sufrimiento por no someterse a sus dictados. Cuba no pide caridad, sino justicia. Y mientras el bloqueo persista, el mundo debe recordar que las dificultades de la isla no son un fracaso del socialismo, sino la prueba de hasta dónde llega el imperialismo para evitar que un modelo diferente tenga éxito.





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