Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío.
Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre.
Martin Niemöller
Nuestra generación está siendo testigo de un cambio de época y gratamente observamos la caída del imperio estadounidense, sin embargo, la complejidad de sus entramados y los intereses que reviste les obligan a aferrarse a su pasado. Ello les vuelve aún más violentos y peligrosos porque estarán dispuestos a todo con tal de sobrevivir un poco más.
En ese sentido han intensificado su guerra genocida en Palestina a través de su colonia sionista en la región.
En Nuestra América lo pueblos han despertado de un trágico letargo y hoy, con la historia en nuestras manos decidimos nuestro futuro. Esto no le gusta al imperio y sus testaferros. Por esa razón han incrementado su política de acoso en contra de las naciones con gobiernos soberanos. Para el imperio y sus empresas, la defensa de la soberanía de los pueblos es un obstáculo para sus intereses, por esa causa atacan de manera feroz a los gobiernos que legítimamente procuran el interés de sus pueblos y defienden su libre determinación. Esta política imperial ha impulsado la llegada al poder de un puñado de gobiernos autoritarios y antipopulares de corte neofascista. Los ejemplos más claros son Argentina y El Salvador.
Durante años la sociedad estadounidense se ha sumergido en una vorágine de drogas y depravación que hoy se manifiesta a través de una crisis social. En el interior de ese país se comercian armas, drogas y cuerpos humanos, incluidos los de niños y niñas, como muestra el escándalo del magnate Epstein que incluye entre sus más cercanos colaboradores a Donald Trump, criminal juzgado que gobierna impunemente ese país.
Ante la gran legitimidad de los gobiernos nacidos del pueblo, los Estados Unidos han adoptado una estrategia de desprestigio y criminalización, utilizando a sus agencias como la CIA y la DEA, que históricamente se han encargado de hacer el trabajo sucio para abrir paso a los intereses empresariales estadounidenses. Ese discurso fue utilizado recientemente contra el presidente Andrés Manuel López Obrador, acusándole de tener nexos con la delincuencia, otro tanto ocurrió durante la campaña presidencial y aún después contra la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Esta misma lógica de acusaciones falsas se ha iniciado en contra del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y su presidente, Nicolás Maduro Moros.
Ante esto uno se pregunta: ¿De qué delitos le acusan?
¿De lograr el 96% de soberanía alimentaria para su pueblo?
¿De lograr construir 5 millones de viviendas para los más pobres?
¿De garantizar salud pública, gratuita y de calidad para la gente?
¿De garantizar el derecho a la educación a todas las infancias?
¿De mejorar las condiciones de acceso al empleo para los jóvenes?
Todo eso molesta al imperio, pero a nosotros nos motiva a respaldar el éxito de la revolución bolivariana y a decir, desde aquí y hacia todas partes:
Rechazamos las amenazas de violación a la soberanía del pueblo de Venezuela.
Rechazamos todo tipo de calumnias que el imperio hace hacia los gobiernos legítimos de Nuestra América.
Detendremos el avance del neofascismo en Nuestra América.
Defenderemos la libertad conquistada por nuestros pueblos.
Defenderemos el honor y la verdad para mayor gloria de nuestras naciones.
Desde Puebla, México,
Frente Comunicacional Antifascista





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