Todo mundo sabe
cuando nace un niño
que habrá de morir un día.
Pero nadie quiere nunca que muera
niño el niño.
Qué triste sería semejante cosa.
Qué injusto y doloroso
nos resulta siempre
cuando muere un niño
siendo niño aún.
Quisiéramos siempre
que todos los niños
murieran ancianos.
Que crecieran fuertes
que fueran felices
que tuvieran hijos, si quisieran hijos
y que hicieran viajes, si quisieran viajes
que jugaran mucho
que abrazaran mucho a la gente que quieren.
Queremos
que tengan tiempo los niños
de leer poemas
de montar caballos
de andar en bicicleta
de jugar canicas
o trompos
o carros
o videojuegos
o futbol
de lanzar guijarros
tener amigos
amar.
Porque si muere niño el niño
la ternura y la tristeza
nos tuercen el corazón
y quisiéramos llorar
sin parar nunca.
Los niños de Gaza son niños.
Nadie debe olvidarlo.
Los niños merecen sonrisas
en sus rostros.
Juegos y alimento seguro
merecen los niños de todo el mundo.
Los niños de Gaza son niños del mundo.
Los niños de Gaza son niños del mundo.
Autor:
Ángel Gustavo Rivas
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