El Bloqueo Como Arma de Guerra Económica y Humanitaria

No es una “política exterior”. No es un simple “embargo”. Es un mecanismo de guerra diseñado para doblegar por hambre, enfermedad y desesperación. Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha recrudecido una política de asfixia contra Cuba que lleva más de seis décadas, transformándola en un estrangulamiento energético deliberado. La orden ejecutiva del 29 de enero de 2026, que declara a Cuba una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad estadounidense, tiene un objetivo concreto: impedir que cualquier barco con combustible llegue a la isla. El resultado es una crisis humanitaria fabricada en laboratorio.

Los datos, extraídos de las propias declaraciones del gobierno cubano y de organismos internacionales, estremecen: Cuba lleva tres meses sin recibir un solo envío de petróleo. Esta es la causa directa de los apagones constantes, el colapso del transporte y la parálisis industrial. En el sector de la salud, el impacto es criminal: 96,387 personas esperan una cirugía, de las cuales 11,193 son niños. Programas vitales como el de atención materno-infantil se ven severamente afectados, con dificultades para realizar ecografías esenciales y para distribuir vacunas a tiempo, a pesar de tener los biológicos en almacenes. Más de 30,000 niños no han recibido sus vacunas de forma oportuna por la falta de transporte refrigerado. Estos no son “efectos colaterales”; son el objetivo calculado de una política que busca rendir a un pueblo mediante su sufrimiento.

La narrativa oficial de Washington es cínicamente simple: Cuba es una “amenaza”. Pero los hechos desmienten esta ficción. ¿Cuál es la verdadera amenaza? Según la Asociación Nacional de Amistad Italia-Cuba, la amenaza que representa Cuba es “moral”: es el ejemplo de un país que, a pesar de sus limitaciones, ha mantenido una política de solidaridad internacional ejemplar. Durante la pandemia, y aún hoy, médicos cubanos salvan vidas en regiones como Calabria, en Italia. El “pecado” de Cuba, como señala Tamara Barra del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba, es “ser un país independiente, soberano y llevarse a una política de autodeterminación”. El bloqueo es el castigo por no someterse.

La Hipocresía del Imperio: “Empoderar” Mientras se Asfixia

Frente a la catástrofe humanitaria que ellos mismos han provocado, los representantes del poder estadounidense ofrecen discursos vacíos. El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, afirmó que la “mejor” forma de ayudar al pueblo cubano es “empoderándolo”. Esta declaración, en el contexto del bloqueo total que impide a los cubanos acceder a medicinas, comida y energía, no es solo hipócrita; es una burla cruel. ¿Cómo se “empodera” a un pueblo al que se le niega el combustible para hacer funcionar los hospitales, las escuelas y las bombas de agua?

Esta doble moral es la esencia de la dominación imperial. Por un lado, se presenta una retórica de “libertad” y “derechos humanos”. Por el otro, se aplica una coerción económica brutal que pisotea el más básico de los derechos: el derecho a la vida. La estrategia, según un informe de Bloomberg citado en las fuentes, es clara: Estados Unidos busca “establecer la dependencia económica” de Cuba, intentando asumir el papel de “patrón externo primario” de la isla. No es libertad lo que ofrecen; es un cambio de amo. Quieren que Cuba caiga de rodillas para luego “ayudarla” a levantarse bajo sus condiciones, como un territorio neocolonial sumiso.

Mientras, el presidente Trump habla abiertamente de un “cambio de régimen” y hasta de una “toma de control amistosa” de la isla. Sus aliados en la derecha cubanoamericana en Miami presionan por una acción militar abierta. El mensaje es transparente: la soberanía de un pueblo es negociable si contradice los intereses geopolíticos de Washington. La autodeterminación es un privilegio que el centro del imperio concede o niega a las periferias según su conveniencia.

Solidaridad vs. Sumisión: México y la Respuesta de los Pueblos

En medio de este acoso, la respuesta de algunos gobiernos y, sobre todo, de los pueblos, traza una línea divisoria nítida entre la solidaridad genuina y la sumisión a los dictados de Washington. México, bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum y con el respaldo público del expresidente Andrés Manuel López Obrador, ha asumido un papel protagónico.

México no solo ha enviado tres cargamentos de ayuda humanitaria (alimentos, medicinas, productos de higiene) en buques de la Armada, sino que ha respaldado un llamado histórico a la ciudadanía. Un desplegado en el periódico La Jornada, titulado “El destino de Cuba no nos es ajeno”, impulsó una colecta nacional a través de la cuenta de la asociación civil “Humanidad con América Latina”. Sheinbaum calificó de “mezquina” la crítica de la oposición de derecha a este esfuerzo, destacando que la ayuda es para el pueblo que sufre, independientemente de las diferencias políticas con su gobierno. “El pueblo de Cuba es un pueblo hermano”, afirmó, “y no es lícito ser indiferente”.

Esta postura no es aislada. En Italia, una amplia coalición de intelectuales, artistas, académicos y activistas —desde el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel hasta cantantes como Fiorella Mannoia— convocó una manifestación nacional en Roma para el 11 de abril, denunciando el estrangulamiento energético. La Asociación Nacional de Amistad Italia-Cuba señaló con acierto que si cae Cuba, “cae toda la humanidad”, porque se estaría legitimando el derecho del más fuerte a exterminar por hambre a quien desafíe su dominio.

La solidaridad se organiza desde abajo. Normalistas de Zacatecas, sindicatos, movimientos sociales y ciudadanos comunes en México y el mundo están respondiendo al llamado. Contrasta esta reacción con la tibieza o el alineamiento automático de otros gobiernos, que prefieren no “molestar” al gigante del Norte. México, al defender a Cuba, está defendiendo un principio fundamental: el derecho de los pueblos a decidir su destino sin coerción externa. Como recordó López Obrador citando al general Lázaro Cárdenas durante la invasión de Playa Girón: “No es lícito preconizar nuestra indiferencia ante su heroica lucha, porque su suerte es la nuestra”.

Diálogo Bajo Coerción: La Resistencia No es Rendición

En este contexto de presión extrema, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, confirmó el inicio de conversaciones con representantes del gobierno de Estados Unidos. Es crucial entender este movimiento correctamente. No es una rendición. No es una “salida” del modelo cubano. Es, como explicó el analista Luis Hernández Navarro, un diálogo forzado por la urgencia humanitaria, pero que Cuba emprende desde una posición de principios: soberanía, igualdad y autodeterminación.

Díaz-Canel fue claro: las conversaciones buscan “identificar problemas bilaterales” y encontrar soluciones, pero sin renunciar a los principios de la Revolución. El diálogo está encabezado por el líder histórico Raúl Castro y se desarrolla con discreción, lejos de la campaña especulativa de los medios. Cuba no va a negociar su sistema político. Va a exigir, como primer paso, el cese del bloqueo que está matando a su gente.

Estas conversaciones exponen la verdadera naturaleza de la diplomacia imperial. Estados Unidos no dialoga por convicción, sino porque la resistencia cubana ha sido más dura de lo esperado, y porque el costo humanitario y político del bloqueo total comienza a generar rechazo global e inestabilidad regional (el riesgo de una crisis migratoria masiva desde Cuba es un factor que Washington no puede ignorar). El diálogo es, por tanto, un campo de batalla más. Cuba entra en él para demostrar que está abierta a soluciones pacíficas, pero que no capitulará frente al chantaje.

La resistencia diaria del pueblo cubano es el cimiento de esta posición. A pesar de los apagones, la escasez y las colas, la vida cultural y educativa persiste. Como relata la periodista Susana Tesoro, los teatros se llenan, los conciertos se celebran, los niños van uniformados a la escuela. Hay un “heroísmo cotidiano” que desafía la lógica del desgaste. Esta cohesión, lejos de debilitarse con el cinismo descarado de la política de Trump, según Hernández Navarro, se ha fortalecido. El pueblo cubano no quiere volver a ser una colonia.

Nuestro Destino Está Atado al de Cuba

La situación en Cuba no es un “tema internacional” lejano. Es un caso de libro de texto de cómo opera el poder global en el siglo XXI. Es el capital transnacional y el Estado imperial utilizando todas las herramientas a su alcance (económicas, mediáticas, diplomáticas) para quebrar a un país que se atreve a existir fuera de su órbita de control. El bloqueo es una violación masiva del derecho internacional y un crimen de lesa humanidad, como lo han denunciado por años la Asamblea General de la ONU y ahora lo evidencian los datos sanitarios.

La solidaridad con Cuba, por tanto, no es un acto de caridad. Es un acto de justicia y de defensa propia. Es la trinchera donde se define si aceptaremos un mundo donde los fuertes dictan quién tiene derecho a comer, a curarse y a existir con dignidad, o si lucharemos por un mundo multipolar donde la soberanía y la autodeterminación sean reales.

El llamado es claro y urgente:

  1. Exigir el fin inmediato e incondicional del bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba. Es la principal causa del sufrimiento de su pueblo.
  2. Respaldar y amplificar las iniciativas de ayuda humanitaria. La cuenta de la asociación “Humanidad con América Latina” en México y las campañas similares en otros países son canales concretos para traducir la solidaridad en alimentos, medicinas y combustible.
  3. Denunciar la narrativa mediática hipócrita que justifica el bloqueo o acusa a Cuba de “vender” la ayuda recibida (como hizo falsamente TV Azteca). La mentira es un arma de guerra.
  4. Presionar a nuestros propios gobiernos para que, como México, asuman una postura clara de rechazo al bloqueo y de defensa de la Carta de las Naciones Unidas, en lugar de alinearse servilmente con Washington.
  5. Entender que la lucha de Cuba es nuestra lucha. En un mundo donde el poder se concentra en cada vez menos manos, la resistencia de un pueblo pequeño es un faro. Si permitimos que Cuba sea doblegada por el hambre, estaremos allanando el camino para que el mismo mecanismo se use contra cualquier otro país que defienda su soberanía frente a los intereses del gran capital.

Cuba resiste. Nos toca a nosotros no dejarla sola. Su suerte, como bien dijo Cárdenas, es la nuestra.

Fuentes:

Deja un comentario

Tendencias