Aquel día, el sol pareció nacer desde el sureste de la Ciudad de México… desde Puebla. No fue un amanecer cualquiera, sino la sensación de llegar a un lugar donde la calidez y la cercanía no se dicen: se viven.
Dos horas antes del inicio formal del discurso del Embajador, decenas de personas ya esperaban con banderas de Irán en las manos. No era un acto protocolario, era algo mucho más genuino: una bienvenida que nace del corazón. La Unión Popular de Vendedores y Ambulantes 28 de Octubre fue la organización que extendió la invitación al Excelentísimo Señor Embajador de Irán y que coordinó la organización integral del evento.
El encuentro cordial del día 2 de mayo contó con la participación activa de las bases de la organización UPVA, sus dirigentes, activistas y su Dirección Central, así como con la presencia de invitados provenientes de sectores sociales, culturales, intelectuales y estudiantiles, además de Puebla, de Oaxaca y Ciudad de México, entre otros estados y colonias. Esta articulación dio forma a un encuentro amplio, representativo y profundamente arraigado en la sociedad poblana.

En una ciudad que cada año mantiene viva la memoria de la Batalla de Puebla, se percibe una conexión profunda con la historia. Aquí, recordar no es repetir: es reafirmar identidad. Tal vez por eso, las palabras compartidas durante el evento no se escucharon como simples posturas políticas, sino como ecos de experiencias históricas que el propio pueblo mexicano conoce bien.
En ese contexto, la intervención del Dr. Gerardo Pérez destacó por su profundidad y precisión. Abordó temas que rara vez aparecen en los medios occidentales; entre ellos, el papel de la Academia de Gundishapur como uno de los primeros centros organizados de enseñanza médica en el mundo. Asimismo, recordó el lugar de la antigua Persia como foco de conocimiento y luz en épocas en que muchas regiones del mundo atravesaban periodos de oscuridad.
También hizo referencia a un momento clave de la historia universal: la liberación del pueblo judío del cautiverio en Babilonia por el Ciro el Grande, el instaurador de la dinastía aqueménida de Persia (circa 559-530 a. C.), un hecho que hasta hoy se reconoce como símbolo de justicia, tolerancia y visión humana.
Por su parte, el Embajador de la República Islámica de Irán dedicó una parte significativa de su intervención a reconocer al pueblo mexicano. Con un tono respetuoso y cercano, subrayó:
«El pueblo de México debe sentirse orgulloso de su historia, de su civilización y de su identidad; es una nación con raíces profundas que ha sabido defender su dignidad a lo largo de los siglos».
Al referirse a la Batalla de Puebla, añadió:
«Lo ocurrido en Puebla no es solo una victoria militar, es la expresión de la voluntad de un pueblo frente a la intervención extranjera. México ha demostrado que, ante la presión externa, responde con dignidad y firmeza».
Asimismo, enfatizó la importancia de la cultura como pilar de las naciones:
«Para pueblos como el mexicano y el iraní, la cultura no es un adorno: es parte de su esencia, de su honor. Es precisamente esa convicción la que les da fuerza para resistir cualquier imposición externa».
Tras las intervenciones, la sesión de preguntas y respuestas confirmó el ambiente que ya se percibía: respeto, cercanía y entendimiento. Muchos asistentes expresaron abiertamente su reconocimiento hacia lo que describieron como la firmeza del pueblo iraní frente a presiones externas, dando lugar a un diálogo genuino entre dos historias que, aunque lejanas geográficamente, encuentran puntos en común.
Pero más allá de los discursos, lo que permanece es la imagen de un pueblo: un pueblo que honra su pasado, que abre sus puertas con generosidad y que sabe recibir al otro con el corazón.
Quizá por eso, en México, uno no se siente extranjero… sino, de alguna manera, esperado desde antes.





Deja un comentario